martes, 27 de enero de 2009

Bajo tu Clara Sombra



Un cuerpo, un cuerpo solo, un sólo cuerpo un cuerpo como día derramado y noche devorada;

la luz de unos cabellos que no apaciguan nunca la sombra de mi tacto;
una garganta, un vientre que amanece como el mar que se enciende cuando toca la frente de la aurora;
unos tobillos, puentes del verano;
unos muslos nocturnos que se hunden en la música verde de la tarde;
un pecho que se alza y arrasa las espumas;
un cuello, sólo un cuello, unas manos tan sólo, unas palabras lentas que descienden como arena caída en otra arena....
Esto que se me escapa, agua y delicia obscura, mar naciendo o muriendo;
estos labios y dientes, estos ojos hambrientos, me desnudan de mí y su furiosa gracia me levanta hasta los quietos cielos donde vibra el instante;
la cima de los besos, la plenitud del mundo y de sus formas.
Octavio Paz