sábado, 18 de noviembre de 2006

Recuerdo que escuche cuando entraste a la casa, la habitación se lleno de tu aroma y te vi entrar, te veías tan hermosa, tu sonrisa a flor de piel y tus manos jugueteando con tu pelo, mientras decías un “que tal”.

Trate de ocultar mi entusiasmo, voltee a seguir mirando el televisor y ni siquiera quise contestar el saludo por temor a que me traicionara mi sub. Consiente y te dijera “hola amor, te he extrañado”

No me di cuenta cuando te acercaste, y te sentaste a mi lado, me hice el desentendido cuando sentí tu mano y de inmediato la aleje, pero cuando tu mano apretó la mía, no sé describirte lo que sentí, no te importo que todos estuvieran y trataste de esconder nuestras manos entrelazadas detrás de tu cuerpo, yo solo disfrutaba del momento y con mi dedo pulgar acariciaba el dorso de tu mano era como un sueño.

Cuando te acurrucaste junto a mí y subiste los pies al sillón y tu cabeza se recostó en mi hombro, sentí estallar mi corazón era como estar en el cielo, por fin te habías dado cuenta de que te he amado desde hace mucho tiempo.

Aun no digería mis sentimientos cuando un sobresalto me despertó, el teléfono repiqueteaba una y otra vez……..

Todo fue un sueño, no lo podía creer…. Había sido tan vívido que aun podía oler el aroma de tu pelo y podía sentir el latir de mi corazón.

En ese momento le pedí a Dios morir, ya no quiero vivir sabiendo que no te debo amar, jamás quise quererte como ahora lo hago, te he visto crecer y convertirte en mujer y por la vida misma te juro que te amo como a nadie he podido amar.

Ya no quiero vivir, por que estoy muerto en vida.